Nombre
ALAN COTON
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Lugar y fecha de nacimiento
Ciudad de México,
30 de agosto de 1967
Filmografía
1997 El repartidor de pensamientos
2000 Sofía
2003 Soba (Beaten)
Semblanza
Egresado del CUEC/UNAM (1990-1994), donde se especializó en las áreas de guión y dirección. Durante este periodo, dirige, escribe y edita los cortos en 16mm: La afectuosa voz del encargado número 54 del Banco Central (1991),El fin del comienzo (1992) y su trabajo más complejo y ambicioso como estudiante El viaje en paracaídas (1994), filmado en color, sobre una adaptación del poema Altazor, de Vicente Huidobro. Primero asistente dirección en distintos largometrajes y comienza a dirigir programas educativos para la UTE, al tiempo que la produce para el CUEC, IMCINE y FONCA el cortometraje Adela despierta Despierta (1997). Ese mismo año debuta en el largometraje con la dirección del thriller Pensamientos 16mm, fábula sobre un caso policiaco. El guión de Sofía (2000), su primera película, es un homenaje a Sor Juana Inés de la Cruz, a través de una mujer contemporánea. La cinta obtiene el Premio a la Mejor Película Extranjera en el New York International Independent Film & Video Festival 2000; Sofía se estrena en 2003. Vuelve a la pantalla grande con la finalización y el estreno de Soba (2004), cruda historia a raíz de una seductora joven de quince años, responsable de una tragedia familiar que se desborda sin control. El filme es una producción independiente que se estrena mundialmente a concurso en el 8vo Festival Internacional de Cine de Sofia (Bulgaria), y luego recorre diversos festivales internacionales como el Festival de los 3 Continentes de Nantes (Francia) o la Muestra de Cine Mexicano e Iberoamericano de Guadalajara 2004. Ese mismo año recibe la beca del IMCINE para el guión de Nesio, película que dirige en 2007; drama que retrata la violencia en ciertas zonas de la Ciudad de México, donde el narcomenudeo es parte de la vida cotidiana. En 2008 se estrena y es invitada a diversos festivales en la India, Estados Unidos, España e Italia. Nesio es nominada a 2 Arieles de la Academia Mexicana de Cine y obtiene la Diosa de Plata Francisco Pina por parte de PECIME por ser la propuesta cinematográfica más interesante del año. Alan Coton es miembro del Sistema Nacional de Creadores desde el 2009.

Hacer cine en México, sin palancas ni mecenas, es un arte: Alan Coton
Hacer cine podría parecer un oficio lúdico, privilegiado, en el que uno da rienda suelta a la imaginación y se divierte. En nuestro país, debido a la falta de apoyo gubernamental y al monopolio de las salas de cine, hacer una película independiente, sin palancas ni mecenas, termina siendo un arte en el que uno se mete sólo estando un poco loco y teniendo una dosis de heroicidad. "Se realiza con todo en contra", cuenta en entrevista con
La Jornada el director Alan Coton.
En México, dice el realizador, las productoras se rigen por dictados de las distribuidoras -en su mayoría estadunidenses-, que a su vez se rigen por las salas de cine, que en enorme medida están en manos de la industria cinematográfica del vecino país del norte ("unas, porque obtienen la mayoría de sus ganancias del material hollywoodense y otras por ser de capital estadunidense"). El negocio de las salas de cine está dominado por Cinemex, MMCinemas, Cinépolis y Cinemark. Son las ganonas de la industria cinematográfica nacional. "Los cines se quedan con cerca de la mitad de lo que deja una película", dice Coton.
Por otro lado, el gobierno prácticamente no apoya la industria cinematográfica nacional. "En la mayoría de los países, los gobiernos otorgan subvenciones a cada paso del proceso cinematográfico y las televisoras participan en 'precompras'. Aquí, mucha gente acaba haciendo cine con fondos propios", explica. Si uno no tiene asegurada la distribución, hacer una película puede dejarlo a uno lleno de deudas y con escasas posibilidades de recuperar lo invertido. Coton, por ejemplo, tuvo un alumno que vende pozole para poder hacer videos. Pocos se arriesgan a invertir en el cine nacional. La productora, Sophie Avernin, cuenta que cuando le ofrecían a empresarios invertir en la película, "a muchos les hacía ilusión, se emocionaban, pero luego, inclusive antes de haber visto la cinta, les daba pánico y no le entraban". A pesar de la ola de popularidad en la que parece estar montada el cine mexicano actual, los empresarios "no le tienen fe", asegura Avernin.
Coton adjudica la desconfianza a la intangibilidad del séptimo arte: "No son zapatos".
Sin distribuidora en México para su largometraje
Ahora
Soba, segundo largometraje de Coton, a pesar de haber sido seleccionada para participar en varios festivales internacionales, aún no encuentra distribuidora en México. El cineasta relata las vicisitudes para sacar
Soba . Para su realización, fundaron en 2000 la cooperativa 9.5 Grados en la Escala de Richter. Todos aportaron su trabajo y dinero, precisa. Cobrarán ("si hay algo que cobrar") hasta que se estrene la película. "Hasta ahora han sido puros gastos", explica el director y guionista. "El dinero lo pusieron los cooperativistas y hubo gente que prestó las luces, las locaciones". Hasta el laboratorio les hizo un descuento.
Dos veces solicitaron apoyo, "lo que fuera, al menos para buscar patrocinadores", al Fondo Nacional para las Culturas y las Artes (Fonca) y al Instituto Mexicano de la Cinematografía (Imcine). Y nada. "En total, gastamos un millón 200 mil pesos (en rodaje y postproducción)", cuenta el director. Poco. El promedio en México es 10 veces esa cantidad.
La dificultad con la que ahora se enfrenta la compañía La Chancla, coproductora de
Soba , es encontrar una distribuidora. Sophie Avernin, coproductora de la cinta, explica que cuando ofreció
Soba a una de las distribuidoras más grandes, le dijeron "sí, pero hay que cambiarle tal diálogo, quitar tal escena". Pues no, dijo la productora. "Es como si el comprador de un cuadro de Toledo dijera: 'está deprimente, pónle rojo'."
El recuento de daños a la industria nacional cinematográfica que narra el director Coton se parece al de otros sectores, como el agrícola o el financiero: "Salinas acabó con la industria nacional. Remató nuestros cines. Quitó el requisito que tenían las salas de pasar 50 por ciento de cintas mexicanas". (En este sexenio se publicó en el
Diario Oficial una ley que determina que las salas tienen que pasar un mínimo de películas mexicanas y exhibirlas a más tardar en seis meses, pero no establece penas.) Además, "la Suprema Corte dictaminó contra la iniciativa de aportar un peso de cada boleto al cine nacional", precisa Coton.
Sin incentivos fiscales
Por si fuera poco, "casi no hay incentivos fiscales" para que los empresarios inviertan en el séptimo arte. Coton añade: "Hasta hace poco se votó a favor de que se pudiera destinar hasta el 3 por ciento del ISR al cine mexicano". La industria se ha vuelto a tal grado un monopolio que, sin ir más lejos, el presidente de la Cámara Nacional de la Industria del Cine y Video (Canacine), Miguel Angel Dávila, es el director general de Cinemex. Por ejemplo, "no hay un control estatal de las entradas al cine", señala Coton. La Canacine "vigila las entradas; es, pues, juez y parte", agrega.
Es costumbre que si una cinta llena la sala viernes, sábado y domingo, se queda una semana más en cartelera. Sin embargo, el director de
Segundo siglo descubrió que las salas estaban manipulando las cifras de entradas para quitarla más rápido de la cartelera, explica la productora Avernin. Así la situación, el director de
Soba concluye que está pensando "en mejor distribuir nosotros mismos la película, con La Chancla". Y añade: "Hace falta crear salas nacionales, para acabar con esta competencia desleal".
(
La Jornada. Entrevista con Tania Molina Ramírez, sección Espectáculos,
jueves 16 de diciembre de 2004)